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ANÁLISIS | The First Tree

written by Oscar Martínez 5 octubre, 2017

El videojuego es un medio joven e inmaduro. Eso lo sabemos todos. Pero, por suerte, podemos destacar un puñado (o dos) de obras que se desmarcan de la violencia o de la obsesión por batir récords y obtener puntuaciones —en ese perfil que Marczewsky, con tanto acierto, bautizaba simplemente como Player—. Si echamos la vista atrás encontramos los reconocidos trabajos del Team ICO. Y tampoco hay que darle muchas vueltas a la cabeza para pensar en otros como Journey o Firewatch. Es también el caso de The First Tree, la última obra de David Wehle.

Siguiendo la estela de otros títulos como Shelter, la aventura de The First Tree juega con el arte de antropomorfizar y desantropomorfizar. Nos convierte en el animal, no solo para entenderle, si no también para realizar un acercamiento a nuestra propia humanidad; actuando de este modo como catalizador para la humanización de la criatura.

The First Tree

Con estas, su historia nos pone en la piel de una zorra en busca de sus crías mientras escuchamos a una pareja recordar su pasado a raíz de un reciente suceso trágico. Dos hechos lejanos y distantes, que se desarrollan en el mismo lugar pero en momentos completamente diferentes y que conectan gracias a la libre exploración que ofrece la obra.

Las posibilidades que se ofrecen dentro de la misma son escasas pero suficientes para lograr el papel narrativo que se propone. En la piel de la vulpina, el jugador solo tiene un objetivo, el de avanzar por los escenarios para encontrar a sus crías. Pero, igual que en Breath of the Wild podemos ver siempre el letrero de «Derrota a Ganon» pese a tener cientos de opciones adicionales, la gracia de The First Tree reside en buscar los recuerdos perdidos de la pareja a lo largo de los diferentes escenarios para hilar la historia que revela el título. Para ello contamos con algunas mecánicas tan básicas como lo son el hecho de saltar o escarbar un pequeño agujero para desenterrar un objeto concreto. Pero lo cierto es que se toma ciertos permisos para sorprender al jugador con ella, incluso en su propio final.

En lo técnico, The First Tree se convierte en toda una obra de arte. Y es que su apartado visual, con sus fondos minimalistas y elementos poligonales; su intensa paleta de colores y el juego que hace con ella; es el mayor logro de la obra. Combina a la perfección con su desarrollo narrativo y consigue destacar la belleza natural y salvaje de las tierras de Alaska. Junto a este se encuentra una simple banda sonora que destaca más por su silencio, constante y habitual compañero en el camino, que por su sonido. Es algo que ayuda a intensificar los pocos temas compuestos para el título y que consiguen amenizar la experiencia con el uso de apenas tres o cuatro instrumentos de cuerda.

The First Tree dura menos de dos horas. Incluso trabajando con calma y dedicándose a explorar cada uno de sus rincones es difícil alargarlo más de ese tiempo. Y aún así es casi mágico. Su reflexión, pese a realizarse sobre la vida y la muerte, no deja de ser anecdótica. No necesita trastear con términos metafísicos ni alejarse de las historias cotidianas del día a día para hablarnos de forma directa. Es por eso que consigue llegar tan fácilmente al jugador, porque habla de «tú a tú» con el jugador, casi como un padre que se sienta a hablar con su hijo sobre su vida. Es eso lo que hace de este título tan pequeño algo tan grande, y es que habla un lenguaje universal, fácil de entender y tratar. Y para disfrutarlo solo pide dejarse llevar y disfrutar de su historia.

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