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ANÁLISIS | Cuphead

written by Salvador Flores 20 octubre, 2017

Studio MDHR consigue con Cuphead, su shooter de plataformas, un juego casi perfecto. Desde su dirección artística hasta su diseño de niveles parece seguir todo lo estipulado para no dejar a nadie indiferente. Con más de un millón de copias vendidas, se ha convertido casi instantáneamente en un fenómeno a pesar de su elevada dificultad. Sin embargo, cuando la magia que crea Cuphead se rompe, lo hace de forma drástica.

Anunciado en 2014, el juego se mantuvo uno de los títulos más esperados gracias a su impactante estilo visual, inspirado en la animación de los años 30 y 40, recordando los hermosos trabajos de Fleischer, Paul Terry o las Silly Symphonies de Disney. Prometiendo desafíos contra jefes finales más que exigentes, ha encontrado un público fiel deseando poner sus habilidades a prueba. Público que formó una estrecha comunidad a la que el lanzamiento de Cuphead ha dejado más que satisfecha.

Y es que la dificultad de Cuphead es el segundo tema de conversación sobre el juego una vez se ha mencionado su fantástica estética. Los diferentes niveles, que varían entre jefes, shoot ‘em ups y secciones de run and gun, nos recuerdan que la inspiración mecánica del título de los hermanos Moldenhauer se arraiga fieramente en los principios del videojuego moderno. Los clásicos de Nintendo Entertainment System como Super C, Megaman 3, Ghost’n Goblins, Metal Storm o Gradius se reflejan inmediatamente al empezar a reconocer los diferentes patrones que utilizan los enemigos.

Aunque sin duda alguna Cuphead es una de las interpretaciones más pulidas que puedan existir de estos fundamentos de diseño, no deja de parecer una interpretación desde el homenaje y no desde la derivación y la transformación. Porque tanto en las secciones de plataformas como las de shoot ‘em up, la dificultad suele arraigar en que el jugador desconoce la mejor actuación ante la suma de tres, o más, patrones de balas simultáneos. Este debe embarcarse en un proceso de ensayo y error hasta conseguirlo. Ahí reside la dificultad, en descubrir el momento adecuado y el lugar adecuado en el arroyo de balas que utiliza el juego para derrotarnos.

El caos que muchos momentos crea Cuphead sin duda es ayudado por su apartado artístico y su banda sonora, que mientras busca que el jugador se sumerja en todo lo que está ocurriendo en la pantalla, consigue acelerarle y animarle tanto que quizás no pueda mantener la calma y los reflejos felinos que el juego exige. No es poco común que mientras intentamos esquivar un gran objeto en la pantalla, seamos dañados por otro más pequeño que se infiltró en nuestras defensas sin que nos diéramos cuenta, con la frustración que eso conlleva. Estos suelen ser los principales recursos que utiliza el juego para establecer su dificultad, para así quizás extender su tiempo de juego, de la misma forma que lo han hecho los juegos de NES de los que bebe tanto.

Aunque ningún nivel en Cuphead sea imposible, el juego engaña al usuario incitando, y castigando, una conducta temeraria. Sin embargo, un jugador armado de paciencia encontrará en Cuphead un puzzle a descifrar, buscando y eventualmente encontrando la coreografía ideal para superar los desafíos que el juego le plantee.

El hecho que Cuphead consiga en sus niveles más tardíos ser desesperadamente difícil no significa que el juego esté mal diseñado, que esta no fuera su intención desde el principio. La corta duración, de no más de tres minutos por nivel, parece simbolizar que Studio MDHR sabe lo hace cuando diseña el desafío que lleva prometiendo durante cinco años de desarrollo. El repetir el mismo nivel una y otra vez permite apreciar los diferentes aspectos artísticos del juego sin renunciar a un ritmo exigente, aunque pueda frustrar a más de uno.

Pero de la misma forma que el progreso del jugador es rechazado por la dificultad maliciosa del juego, este es atraído de vuelta a la pelea de forma magnética por la misma. Cuphead y Mugman se mueven con precisión y ritmos medidos al milímetro, y en ningún momento el juego parece incómodo o poco fluido. Además, como ocurre en otro juegos famosos por su dificultad, como la saga Dark Souls de From Software, existe una comunidad de jugadores tenaces, que toman este desafío con perseverancia, animando indirectamente o directamente otros a mejorar sus habilidades y conocimientos hasta por fin superar la adversidad. Estos momentos de epifanía y superación son los que recompensan, con creces, a los jugadores que deciden perseverar con este título. El desafío que plantea el título es proporcional a la satisfacción que se obtiene al superarlo.  

Cuphead parece haber canalizado y dominado en su diseño de niveles todos los ases en la manga que los pioneros del videojuego moderno tenían a disposición. Una experiencia mecánicamente excepcional envuelta en unas de las presentaciones visuales mejor cuidadas de los últimos tiempos.

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