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ANÁLISIS | Final Fantasy XIV: Stormblood

written by Oscar Martínez 7 septiembre, 2017

La salida de Final Fantasy XIV, allá por el año 2010, fue un completo fracaso. Un MMO que, podría decirse, nació muerto y sin grandes esperanzas de mantenerse a flote bajo la sombre de otros grandes del género, como el titánico World of Warcraft. Tres años después vimos como su mundo era completamente arrasado y, de la mano de Naoki Yoshida, renacía como A Realm Reborn. Este mundo no solo sigue intacto a día de hoy si no que continúa su imparable trayectoria gracias a su nueva expansión, Final Fantasy XIV: Stormblood.

El juego no se anda con rodeos y retoma lo dejado en Heavensward en el mismo instante en que da inicio su historia. Y aunque no olvida lo ocurrido en esta primera expansión, que se centraba en el carácter más puramente fantástico del juego, Stormblood se inclina hacia lo visto en A Realm Reborn (cerrando con gran acierto el arco que abría en el parche 2.2 – Through the Maelstrom). Así, vuelven a ser protagonistas las tensiones políticas, la sed de poder y, en especial, el sentimiento de libertad. El juego se atreve a explorar esta última a diversos niveles, desde la visión derrotista de un pueblo arrasado hasta el hecho de encontrar la libertad sirviendo bajo el yugo de una fuerza opresora.

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Su mensaje es claro: «Liberty or death». Y es que su historia se centra en los motores de la rebelión, el sentimiento imperecedero de aquellos que ansían recuperar su hogar. Así el desarrollo de su historia sirve para ilustrar a algunos de sus personajes como Lyse, Alisae (que recuerda, en cierto modo, a los hermanos Lutece de Bioshock Infinite cuando entra en escena junto a su hermano Alphinaud) o el general Rabauhn. Es una historia que se desmarca de lo habitual en el género, ofreciendo una jugabilidad atípica, centrada en hacer que el jugador se sienta parte de la batalla que libra a favor de la libertad. Sus misiones no suelen enfocarse al «corre ve y dile» tradicional de los MMO, si no que tratan con delicadeza la historia que enmarca el juego, llevando al jugador a interactuar de forma directa con lo que se le cuenta. Para esto se introducen, además, un sistema de toma de decisiones más acertado que el ya visto en Heavensward e incluso líneas de diálogo adicionales según el tipo de clase que se use.

Y, hablando sobre su jugabilidad, cabe decir que Stormblood ha recibido un buen lavado de cara, desprendiéndose de todas las mecánicas que hacían aún de lastre para el mismo. Destacan los Job Gauges, una serie de indicadores exclusivos de cada clase que, o bien sirven de ayuda gráfica al jugador o hacen las veces de mejoras para sus avatares. Se denota el empeño del equipo directivo en hacer más cómoda la aclimatación de nuevos jugadores con mejoras que incluyen objetos capaces de saltar su historia o subir una clase a nivel 60, así como con los cambios que permiten cambiar a un oficio una vez alcanzado el nivel 30, sin necesidad de subir una segunda clase a nivel 15. Sin olvidar, por supuesto, la incorporación de los oficios más demandados por su comunidad: Mago Rojo y Samurái. Son una serie de detalles que, no solo resultan refrescantes para los más veteranos, si no que sirven como punto de introducción para los más noveles, favoreciendo así el flujo constante de jugadores.

FinalFantasyXIV:Stormblood-TecnoSlave

No sorprende, con esto, que su equipo directivo haya decidido innovar también en el reto, ofreciendo nuevos combates y jefes finales memorables como son el caso de Susano y Lakshmi, los dos nuevos Primals introducidos en esta versión 4.0 del juego y que cuentan con mecánicas únicas y especiales. No se olvidan tampoco de los más exigentes, contando Final Fantasy XIV: Stormblood con Deltascape, una raid para ocho jugadores dividida en cuatro niveles de dificultad y que viene acompañada de algún que otro guiño a la décimo quinta fantasía final de Square Enix. Y esto no es todo, ya que pronto se estrenará Return To Ivalice, una raid de 24 jugadores para aquellos que hayan alcanzado ya la cima de la expansión. Se entiende como una promesa de continuidad, un aviso de que sus desarrolladores están siempre al tanto de lo que ocurre en el juego mientras trabajan en innovar para el mismo. Se trata de un punto a favor en este género, que el jugador seguramente valorará a la hora de pagar su suscripción mensual.

Se aprecia, desde luego, el trabajo de todo el equipo artístico a la hora de diseñar las nuevas zonas del juego. Resulta todo un acierto abandonar el ya conocido continente de Eorzea para deleitarse con el atractivo oriental de Othard. Desde los pequeños poblados de Doma hasta la magnifica ciudad de Kugane, Stormblood resulta un magnifico ejemplo de la constante evolución del MMO. A este trabajo artístico se suman nombres ya conocidos en el desarrollo del mismo. El primero es el de Masayoshi Soken, el aclamado compositor del juego que vuelve con un estilo capaz de casar con cualquier momento del juego, dramatizando los mas dolorosos y magnificando aquéllos más motivadores. No falta Nobuo Uematsu, que vuelve a unir fuerzas con Susan Calloway para traer Revolutions, el tema principal del juego que consigue reunir todo el sentimiento del juego en cada una de sus notas.

En definitiva, Final Fantasy XIV: Stormblood consigue, no solo mantener su lugar en el trono como uno de los MMORPG más jugados del mundo, si no que va más allá, buscando el llegar a todos los jugadores posibles. Su argumento consigue mantenerse al nivel del resto de su saga, siendo capaz de despuntar por encima de estos en más de un momento. Sabe como atrapar al jugador y utiliza nuevos métodos narrativos para hacerse con él en cada punto de su historia. A esto se suman los numerosos cambios en sus mecánicas, que lo hacen más cómodo y funcional; y su increíble apartado artístico, que pese a mantener el mismo motor gráfico con el que se presentaba hace cuatro años, consigue sorprender e innovar con sus nuevas áreas. Stormblood es toda una declaración de intenciones, una firme declaración por parte de sus creadores en la que aseguran que su juego seguirá creciendo, cada vez más y mejor.

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